
No entendía nada: me hallaba totalmente descolocada, fuera de mi sitio. La luz que venía del noroeste me encandilaba, casi me enceguecía. Era dorada, como la de siempre, pero creo que esta vez era más intensa, o quizás mis sentidos la planeaban así.
El resto era claro, como yo, ese día estaba clara y transparente, y había estado quemando mis energías minuto a minuto en encontrar una solución a eso. Lo que no comprendía todavía que justamente no debía encontrar nada: ya estaba todo adentro mío. Es como una difícil receta, un enigma, un procedimiento de alquimia, cuyos ingredientes estaban vertidos en mi ser, pero debía encontrar el libro de instrucciones acerca de cómo utilizarlos.
Otra vez tropecé, mi pié no paraba de sangrar, sin embargo decidí seguir caminando, no sería nada que una venda no curase luego de ese largo camino por andar. Quise seguir, había algo en mi estómago, era un ida y vuelta, era algo que me impulsaba y algo que me frenaba, era mi físico y mi alma: no entendía.
Cuando logré interpretar la señal ya era tarde, ya era el final del camino, el resto no importaba, todo se detenía, hasta que me encontraba con una persona, la luminosidad me seguía encandilando, era un ángel, eso era.
No hay comentarios:
Publicar un comentario