martes, 30 de marzo de 2010
1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.
2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mi mismo.
3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en este también.
4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.
5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.
6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.
7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos procuraré que nadie se entere.
8. Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.
9. Sólo por hoy creeré firmemente aunque las circunstancias demuestren lo contrario que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo.
10. Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.
miércoles, 24 de marzo de 2010
Nunca más
los cantores de radio pueden desaparecer,
los que están en los diarios pueden desaparecer,
la persona que amas puede desaparecer.
Los que están en el aire pueden desaparecer en el aire,
los que están en la calle pueden desaparecer, en la calle,
los amigos del barrio pueden desaparecer,
pero los dinosaurios van a desaparecer.
No estoy tranquilo mi amor, hoy es sábado a la noche, un amigo está en cana.
Oh, mi amor, desaparece el mundo .
Si los pesados, mi amor, llevan todo ese montón de equipajes en la mano,
oh, mi amor, yo quiero estar liviano.
Cuando el mundo tira para abajo,
es mejor no estar atado a nada, imaginen a los dinosaurios en la cama.
Cuando el mundo tira para abajo
es mejor no estar atado a nada, imaginen a los dinosaurios en la cama.
Los amigos del barrio pueden desaparecer,
los cantores de radio pueden desaparecer,
los que están en los diarios pueden desaparecer,
la persona que amas puede desaparecer.
Los que están en el aire pueden desaparecer, en el aire,
los que están en la calle pueden desaparecer en la calle.
Los amigos del barrio pueden desaparecer,
pero los dinosaurios van a desaparecer.
(Nuestra "camada" mucho no entiende, en la época que nacimos ya nuestra democracia tal vez se convirtió en demagogia o libertinaje, no sé, lo que se mediante relatos de historia, o televisivos, es que fue la violación más importante de nuestra historia a los derechos humanos, por la proclama de los mismos, por el respeto y por que no se repita nunca más, por que haya justicia y por que se sanen aquellas almas heridas y esas familias incompletas..)
martes, 23 de marzo de 2010
lunes, 22 de marzo de 2010
Un ángel, eso eres

No entendía nada: me hallaba totalmente descolocada, fuera de mi sitio. La luz que venía del noroeste me encandilaba, casi me enceguecía. Era dorada, como la de siempre, pero creo que esta vez era más intensa, o quizás mis sentidos la planeaban así.
El resto era claro, como yo, ese día estaba clara y transparente, y había estado quemando mis energías minuto a minuto en encontrar una solución a eso. Lo que no comprendía todavía que justamente no debía encontrar nada: ya estaba todo adentro mío. Es como una difícil receta, un enigma, un procedimiento de alquimia, cuyos ingredientes estaban vertidos en mi ser, pero debía encontrar el libro de instrucciones acerca de cómo utilizarlos.
Otra vez tropecé, mi pié no paraba de sangrar, sin embargo decidí seguir caminando, no sería nada que una venda no curase luego de ese largo camino por andar. Quise seguir, había algo en mi estómago, era un ida y vuelta, era algo que me impulsaba y algo que me frenaba, era mi físico y mi alma: no entendía.
Cuando logré interpretar la señal ya era tarde, ya era el final del camino, el resto no importaba, todo se detenía, hasta que me encontraba con una persona, la luminosidad me seguía encandilando, era un ángel, eso era.
domingo, 21 de marzo de 2010
Raíces

"-Hola, buenas tardes"
Eso era todo lo que había para decir, con un súbito ojear ya había percibido la totalidad de la habitación, sabía que aquél lugar me pertenecería, y sería cuna de muchas lágrimas, o tal vez sonrisas, o tal vez más vacíos que los de costumbre solía tener cuando venía de allí. Sí, de aquel lejano pero profundo lugar, de mi lugar, del que nunca podía desarraigarme por más esfuerzos que hiciera. Convengamos que mis esfuerzos tenían un poco de contradicción subconsciente -como todas las que poseo-.
-¡Bienvenida! me resopondieron con un cálido abrazo
Todo era lejano, lejano de llegar, de aterrizar allí, pero sabía que me arraigaría, sabía que pronto ese iba a ser mi lugar.
No tardó en pasar más de una hora que ya estábamos sumergidas en una intensa charla, con sonidos de fondo, aromas, y una atmósfera particular pero envolvente, yo me entregaba, abría mis alas.
El fulgor de aquella piedra incandescente interrumpió mis relatos más de una vez, y sí, claro, debía concentrarme en algo ajeno a lo mío, de lo contrario no sería yo.
Cada vez era más intensa la charla, había perdido la noción del tiempo, incluso, del espacio, no quería irme, pero ya era la hora.
Cuando salí, a mi alrededor, el piso fulguraba como aquella piedra luminosa que había visto minutos antes, había un sonido particular que venía pero todavía no lograba percibir de dónde, ni tampoco hacia dónde iba. Era una mezcla del viento que anticipa una tormenta, y del viento sur que viene luego de una fuerte lluvia - no entendía -. Continué caminando y comencé a pisar pequeños y medianos cristales dorados, sentía que se estrujaban y se atiborraban en distintos sonidos, se estremecían, yo también me estremecía, no quería pisarlos, pero debía seguir caminando.. Bueno.. quería seguir caminando.
De pronto un paraíso anaranjado bloqueó mi mirada, no quería pensar en que las raíces iban a perderse, pero debían perderse, algunas que alguien en algún momento me aconsejó me desarraigue pero yo con mucha terquedad no quise.
Todas esas raíces perdidas habían florecido, casi sin que yo me dé cuenta, y ahora se encontraban perdidas dentro de ese paraíso anaranjado. Eran las cosas de las que debía desprenderme, había llegado el Otoño.