..¡Deténte!... Otra vez desperté sudando... otra vez, no entendía! Qué era lo que me perturbaba? por qué una y mil veces soñaba con lo mismo? Nunca supe interpretar, hasta el día de hoy, la cascada de sueños, el atado de mensajes, y todas las señales que había ido recibiendo. Sentía que me había desactivado: a cero.
Otra vez pensar una idea en cómo encarar tan ardua situación, tan fugaz acontecimiento que se resumía a dos palabras: tu presencia.
Era un avasallador fulgor, sí, eras fulgurante, no entendía porqué, si el infierno estaba dentro tuyo, y la oscuridad te rodeaba, ¡¡no entendía!! Pero era algo que me fascinaba, y pensaba seguir con la horda hasta el final.
El cielo ardía, los pájaros habían huído: caía el atardecer, comprendía ahora sí que era hora de armar las valijas y partir a algo mejor, en algún momento era necesario atravesar ese infinito puente, que tantas tardes fue como un cuento, que muchas veces nos sentábamos a jugar.. Hoy lo tenía que olvidar para siempre.
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