sábado 31 de mayo de 2008
jueves 29 de mayo de 2008

Hoy la ví, despues de tanto tiempo. Fue un encuentro fugaz, como todos nuestros encuentros,
pero también debo asegurar que me resultó insoslayable querer observarla de piés a cabeza y admirarla, como el primer día, aunque claro, ahora sí la conocía.
Había vuelto renovada; qué habría hecho en aquél viaje, quién sabe. Desenvuelta como nunca y bella como siempre. Ágil pero insegura, laureada. El frío y el celeste del cielo era su cara,
así estaba, pálida, pero ésta vez no de amargura. Aunque no me lo dijo, no demoré ni unos pocos minutos para descifrar sus nuevas intenciones y planes para con su entorno.
Al observar mi calzado en aquel caminar tan apresurado pero correcto fácilmente me reconoció.
No faltaron los temas de conversación de siempre, pero, siempre fugaces, como dije;
El sol quería irse pero ella lo hacía durar con sus palabras, no dudé en quererla invitar a tomar un café, sé que a ella eso le encanta, sin embargo ya sabía su respuesta. Era lo rutinario,
lo loco, lo abstracto lo empalagosamente racional.
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