
Cuando lo maravilloso llega es difícil querer abandonarlo.
Sin embargo los sucesos, los pensamientos, los grandes y pequeños acontecimientos,
la erosión del raciocinio y el deterioro del rescate permanecen y se hallan en una encrucijada bastante ardua de sortear.
Al final del trayecto querido resulta victorioso encontrar los frutos y mejor aún aquel trono
de la felicidad que solamente lo construyen los seres más queridos, el alma es el único entendedor de aquel acaecimiento...

Mientras el fulgor del sol te ahogue y el albor del horizonte te refleje seremos felices.
Mas cuando solloces yo te oiré como triste sinfonía, y mientras sonrías disfrutaré el candor
que me confiere tu sonrisa.

Cuando el rubí del edén esté detrás tuyo correré hacia ti, pero no me exijas jamás que apure
mi paso, pues en la calma es donde más disfruto la reunión de tu amor...




