sábado 8 de noviembre de 2008

No puedo parar de asombrarme ante la belleza que asisten mis ojos, sí, la belleza del encuentro, del hallazgo.
El hallazgo que siempre soñé, objeto de mis preocupaciones por un largo tiempo, por mucho, por la eternidad de mis ojos, y por la luz del nácar de tu sonrisa.
Qué felicidad desgraciada sentimos, cuando, la solución a esta ecuación es inesperada, cuando llega, sin que nadie la espere, aunque con esperanza.
Qué triste es haberlo conseguido todo, qué cotidiana que es la apropiación de todo, de que sabemos, de que estamos hechos, ¡pobres los desdichados que crean eso!